My Beloved Shit

Me. Dave.

El caso, paso por paso, de una resurrección, de una historia increíble que te invade abrumadoramente el corazón.

Empezando por la mecha encendida por un fan anónimo en Sudáfrica, con los años se convirtió en un proyecto nacido de la curiosidad y el misterio entorno a la figura de un cantante fascinante que todos creían muerto, transformado hoy en un fenómeno que no hace más que crecer y que, por el momento, ya ha ganado un Oscar por la última expresión del personaje en el documental “Searching for Sugar Man”, grabado con un iPhone 4.

Un premio que se antoja menor, porque debería ganar todos los premios, de todos los festivales que den reconocimiento a la pasión y a la fe, para todos los que han participado en el proceso durante todos estos años.

Good shit, hell yeah.

El último gran marketing viral, un producto que aquí triunfaba en el baño. Y en el salón, la cocina, el nidito, la terraza, el trastero, el coche y en el-dedo-índice-teléfono-mi-casa de cada ser humano viviente.

Papá, ¿de donde vienen las babas amazónicas que me caen tras ver este spot? I -fucking- luv it!

                                                                        El éxtasis del concepto

El Meme-Clipel primer vídeoclip con croma de fondo para que lo conviertas en meme. Idea que lanzada originalmente por Rihanna pulverizaría youtube. Pero uh, ah, la ha lanzado un chaval llamado Nick Briz. Tunea tu versión en nickbriz.com/diamonds.

                                     Conceptos bestialities que definen marcas. Hoy: Sneakers

                Los 12 minutos de “que te jodan” mejor invertidos de tu p*uta vida. Payaso.

                             Copies como panes. Estrategias como panes. Tracatrá y aplausos.

                                                                              Caca bien 

                                                        Esto me hace sentir épico en el dedo

                       Aspirante a titanio (o algo) que se queda en tita pero que está muy rica 

                           Un Cannes en digital que le quita el hipo hasta a un hipopotálamo

                                                        Desde Gandhi que no veía nada igual