El caso, paso por paso, de una resurrección, de una historia increíble que te invade abrumadoramente el corazón.
Empezando por la mecha encendida por un fan anónimo en Sudáfrica, con los años se convirtió en un proyecto nacido de la curiosidad y el misterio entorno a la figura de un cantante fascinante que todos creían muerto, transformado hoy en un fenómeno que no hace más que crecer y que, por el momento, ya ha ganado un Oscar por la última expresión del personaje en el documental “Searching for Sugar Man”, grabado con un iPhone 4.
Un premio que se antoja menor, porque debería ganar todos los premios, de todos los festivales que den reconocimiento a la pasión y a la fe, para todos los que han participado en el proceso durante todos estos años.
Good shit, hell yeah.